El Árbol de la Vida

EL ÁRBOL DE LA VIDA

¿En qué dirección transcurre nuestra vida? ¿Qué nos deparan los inevitables quiebros y remansos del camino? ¿Dónde nos habrían conducido otras decisiones?

Cuestiones que la mayoría se ha planteado alguna vez, aunque fuera en ese instante de desinhibición del pensamiento justo antes de caer en los brazos de Morfeo. Analizadas, debatidas, desechadas y recuperadas para el arte.

Multitud de culturas o religiones  a lo largo de la historia han relacionado la vida con el símbolo de un árbol. El árbol representa en el sentido más amplio, la vida del cosmos, su densidad, crecimiento, proliferación, generación y regeneración; su gran longevidad la eternidad. Su figura  evoca tres mundos: inframundo o infierno, plano terrenal o material y celeste o superior (raíces, tronco, copa). Sobre todo en el cristianismo y en el Arte  Románico se le concede esta significación de eje entre dos mundos.

El “arbor vitae” es un símbolo que surge con gran frecuencia y diversidad en el arte de los pueblos orientales. El motivo, en apariencia decorativo, colocado entre dos animales enfrentados o dos seres fabulosos, es un tema mesopotámico que pasó hacia Extremo Oriente y a Occidente por medio de persas, árabes y bizantinos. En la ornamentación románica, el árbol de la vida aparece más bien como frondas, entrelazados y laberintos.                  Para los celtas además de la relación entre tierra-cielo era considerado fuente de protección, alimento y ciencia.

Sin embargo no hace falta remontarse a épocas lejanas para encontrar referentes de esta bella metáfora. Dos ejemplos de ello podrían ser la obra de  Gustav Klimt o la enigmática película de Terrence Malick, ambas de mismo título: El Árbol de la Vida.

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Fantástico  cuadro del pintor modernista y simbolista austríaco Gustav Klimt  (1905- 1909. Le fue encargado  por el industrial belga Adolphe Stoclet para la decoración de su villa-palacio de Bruselas. Actualmente se encuentra en el museo Österreischisches Museum für Angewandte Kunst de Viena.

Lo más llamativo del cuadro es el colorido de los ornamentos y los tonos dorados que otorgan un brillo característico a varias de sus obras. El cuadro, compuesto por 9 tablas, se divide en tres partes.

El Árbol está situado en el centro de la composición y sus ramas se extienden por toda la imagen.  Tiene una apariencia sinuosa y ondulante con multitud de ramificaciones en las que cada brote es una nueva posibilidad, una bifurcación que nos llevaría a otros lugares inesperados. Y así sucesivamente, sugiriendo la idea de la vida como un intrincado camino de múltiples intersecciones.

En la parte derecha de la composición aparecen abrazados un hombre de espaldas y una mujer, a la que se le puede ver la mitad del rostro con los ojos cerrados. Como podemos apreciar por la sensación de paz y protección que transmite este contacto, la escena representa el anhelo satisfecho tras vagar por los entresijos del árbol.

En el lado contrario, sin embargo, aparece una mujer solitaria, con el rostro y los brazos vueltos hacia la pareja. Su rostro refleja el celoso afán por conseguir lo que la pareja ya tiene: el Amor.

En la pintura aparecen números detalles y símbolos difíciles de descifrar. Uno de ellos es la figura de un pájaro negro con las alas recogidas posado en las ramas bajas del árbol. Podría ser la Muerte, siempre atenta desde el nacimiento de los primeros brotes.

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Terrence Malick (2011) Resumiendo la película en una frase diría que es un bello poema con imágenes en lugar de versos.

“Estados Unidos, años 50. Jack (Hunter McCracken) es un niño que vive con sus hermanos y sus padres. Mientras que su madre (Jessica Chastain) encarna el amor y la ternura, su padre (Brad Pitt) representa la severidad, pues la cree necesaria para enseñarle al niño a enfrentarse a un mundo hostil. Ese proceso de formación se extiende desde la niñez hasta la edad adulta. Es entonces cuando Jack (Sean Penn) evoca los momentos trascendentes de su infancia y trata de comprender qué influencia tuvieron sobre él y hasta qué punto determinaron su vida. (FILMAFFINITY)”

El eje central de la película es el retorno al pasado por parte de Jack, que intenta comprender cómo ha llegado al punto en el que está. Para ello, digamos que vuelve a recorrer el “árbol” y de esta manera arrojar luz sobre su existencia.

Al igual que la obra de Klimt, la película está repleta de simbolismo y de metáforas (la película en sí ya es una gran metáfora) Así como de reflexiones metafísicas que nos muestran parcialmente la intimidad de su director. Ambos “Árboles de la Vida” además, tienen una estética característica.

Con esta inclasificable obra nos damos cuenta, entre otras muchas cosas, de la fragilidad e imprevisibilidad de nuestra vida, que puede tomar un giro dramático y vertiginoso en cualquier momento. Si ni siquiera podemos prever las consecuencias de nuestras decisiones  mucho menos de lo que pasa al margen de nuestra actuación.

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Portada de la película

Espero no haberme ido demasiado “por las ramas” 😉

lamonarugosa

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3 respuestas a El Árbol de la Vida

  1. Peggyisthequeen dijo:

    Lamonarugosa, todavía en el anonimato, no te has ido por las ramas. Es una entrada estupenda. Adoro a Klimt y, curiosamente, nombro esta pintura en la asignatura optativa cuando hablo del Palacio Stoclet. No me atreví a ver la película, aunque algún compañero tuyo me la recomendó encarecidamente.

  2. Carlos a. Diaz garzon a. dijo:

    La imagen pintada del árbol de la vida ilustra perfectamente un sueño que tuve en2009 . El sueño hace referencia a los dos árboles del paraiso , el de vida eterna y el del conocimiento del bien y el mal justamente este coincide junto con el comentario . .

  3. Carlos a. Diaz garzon a. dijo:

    Estoy interesado en el tema . . . Mi proyeto OM : FACETBOOK . . . Replantea la union con Dios desde la perspectiva de la redención . . . Involucra información científica establecida y hombres y mujeres de buena voluntad de diferentes credos . . . Namasté .

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